El primer punto es que se estuvo a un paso de obtener el ascenso. Si bien la intención era estar entre los dos primeros no se puede dejar de sostener que la levantada que tuvo el auriazul en la segunda rueda fue notable. En segundo lugar, se encontró un cuerpo técnico joven y capaz de plasmar su idea dentro de un terreno de juego.
Por último, se debe alabar el nivel en el que terminaron jugando muchos atletas. Ya lo decíamos en oportunidades anteriores: jugadores como Benjamín Cáceres, Ignacio Paniagua, Ángel Martínez y otros demostraron el porqué se los necesitaba en el equipo. Admirable muestra de carácter de todos los integrantes del querido Deportivo.
Ahora, queda en este año la realización y continuidad del campeonato local, que siempre promete ser una fiesta. Pero en este punto en particular, también debemos hacer una salvedad. No podemos dejar de cuidad la integridad de nuestro balompié, que últimamente se ha encontrado con un sinnúmero de situaciones poco normales, como las suspensiones y protestas.
El público y los dirigentes, además del obvio papel de los futbolistas, deben ser los encargados de velar por la salud del deporte capiateño. En esa tesitura, instamos a todos los actores de nuestro torneo a que den lo mejor de sí, en busca de un juego justo, que sea motivo de fiesta. No dejemos que las ambiciones desmedidas nos jueguen una mala pasada. Si somos serios y organizados, estaremos aportando progreso a nuestra comunidad.
Con este post me despido por un tiempo de la realidad del fútbol de Capiatá.
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